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Sobre el masaje metamérico

En el siglo XIX se desarrollaron algunas técnicas de masaje muy efectivas que han lle-gado hasta nuestros días, como son el masaje del tejido conjuntivo, creado por la fisiote-rapeuta alemana Elisabeth Dicke en 1884, y el masaje neuromuscular, creado por Stanley Lief, natural de Letonia, a principios de 1890. Basándose en ambos métodos, así como en los principios de la medicina tradicional china y del masaje ayurvédico, se desarrolla el masaje metamérico.

El masaje metamérico está considerado como una terapia neural: actúa desde la peri-feria mediante el estímulo cutáneo y produce un efecto en los órganos a través del refle-jo víscero-músculo-cutáneo. El conjunto de elementos del cuerpo relacionados (segmento medular, nervios, músculos, tendones, receptores cutáneos, órganos y piel) recibe el nombre de metámera.

Así, este masaje consiste en el tratamiento de las diferentes zonas metaméricas en la superficie cutánea del cuerpo, ya que un órgano enfermo puede producir síntomas en una zona determinada del cuerpo con la que está relacionado: dolor, tensiones, altera-ciones vasomotoras… Normalmente, se tratan zonas metaméricas relacionadas y no di-rectamente la metámera afectada. Previamente al tratamiento, se realiza una explora-ción de los tejidos mediante deslizamientos superficiales, comenzando en el lado opuesto al de mayor tensión presente a la palpación.

Los «trazos», maniobras básicas del masaje metamérico

La maniobra principal en este tipo de masaje se denomina «trazo»: consiste en un esti-ramiento del tejido superficial, de la piel, de una manera suave y constante. Los trazos se realizan con el dedo corazón y el anular, aunque se puede utilizar cualquier otro dedo o parte de la mano según sea la zona a tratar. Es importante que el dedo se desplace tan lentamente que el tejido tratado ceda delante del dedo, pudiendo darnos la impresión de que se desplaza el líquido intersticial. Así, el estímulo es el ligero estiramiento sobre la piel, sin presionar, ya que con la presión podríamos disminuir el efecto deseado. La pro-fundidad de la fricción puede ser modificada al cambiar el ángulo de los dedos con la piel; un ángulo de 60º penetrará a más profundidad que uno de 45º. Cuando se adapta y aplica la técnica correctamente, el paciente experimentará una sensación de rasguño leve o de rascadura suave al término de la fricción. Los trazos se realizan en número de tres a cinco, y serán tanto más superficiales y lentos cuanto más adherentes sean los teji-dos y cuanto mayor sea la acción sedativa que se desee obtener.

Para comenzar: reequilibrio del organismo con el tratamiento de la zona sacrolumbar

Normalmente, el masaje comienza tratando la zona del sacro y la zona lumbar, ya que así se facilita el reequilibrio neurovegetativo y la liberación de acetilcolina (neurotrans-misor). Tras haber trabajado esta zona, se puede pasar directamente al tratamiento en las extremidades inferiores. Antes de proceder al masaje de las zonas superiores del cuerpo, es necesario realizar completa la construcción de base, o sea, tratar la región sacra, glúteos, zona paravertebral lumbar y duodécima costilla. No obstante, existen al-gunas excepciones, como por ejemplo cuando nos ocupamos de la región cefálica o zonas específicas en función de la patología que vayamos a tratar.

Un masaje con numerosas aplicaciones y beneficios

El masaje metamérico es especialmente útil en el caso de recuperación de accidentes traumáticos, ya que facilita la regeneración ósea y de los tejidos afectados. De igual for-ma, cuando una persona ha de permanecer mucho tiempo inmovilizada, este masaje evi-ta o retrasa la formación de úlceras, llagas, edemas o procesos degenerativos.

Podemos utilizarlo también para tratar otras muchas patologías, como la artrosis, las lumbalgias, los dolores musculares, las cefaleas, las úlceras de estómago, la gastritis… Hemos de tener en cuenta también algunas contraindicaciones en su aplicación: en esta-dos febriles, infecciones, primeros meses de embarazo… En determinados casos, siempre es conveniente consultar con un médico o especialista para descartar posibles complica-ciones.

En principio, se recomienda realizar dos o tres sesiones por semana, aunque en algu-nos casos puede ser conveniente su aplicación diaria, siempre que no se sobrepase veinte sesiones consecutivas. De todas formas, si en unas cinco sesiones no se ha notado ninguna mejoría, es mejor suspender el tratamiento.

El masaje metamérico es, por tanto, una técnica manual a tener muy en cuenta como herramienta terapéutica, fácil de aprender y realizar, ya que no requiere de grandes es-fuerzos físicos: pequeños estímulos, grandes resultados.

Programa del curso


1. Orígenes

1.01. El masaje del tejido conjuntivo
1.02. La técnica neuromuscula

2. Introducción y conceptos básicos

2.01. Nociones de embriología (la metámera base)
2.02. Inervación perifñérica somática
2.03. El tejido conjuntivo
2.04. Consecuencias terapétucias

3. Principios básicos del masaje

3.01. Descrpción téncica
3.02. Tratamientos específicos

4. Aplicaciones terpéuticas

4.01. Aplicaciones en traumatología y ortopedia
4.02. Artropatías deformantes y degenerativas
4.03. Trastornos musculoesqueléticos
4.04. Afecciones del sistema nervioso
4.05. Alteraciones circulatorias
4.06. Afecciones de los órganos internos

Si deseas un programa más detallado del curso puedes solicitarlo por email a citabe@gmail.com

También puedes adquirir on line el libro de «Masaje metamérico» de Juan R. Villaverde
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